Archive / marzo, 2020

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Un paseo de calidad

Un paseo de calidad

Existe una leyenda que dice algo así como, si paseas a un perro que tira de la correa o bien quieres enseñar a un perro a pasear sin tirar de la correa debes incluir dos herramientas básicas en el paseo: una correa corta, que obligue al perro a ir bien cerca de la persona y por otro lado un collar, porque un perro con arnés tira más.

Y qué sorpresa nos llevamos cuando supimos escuchar otros consejos, más amables y actualizados, que nos dijeron que probásemos a pasear utilizando una correa larga, de más de 2 metros, y un arnés. La sorpresa fue que la gran mayoría de perros o dejan o disminuyen muchísimo la tensión de correa, sin añadir ninguna pauta más, solo con sentirse más cómodos y libres. Si además añadimos otras pautas que fomenten la tranquilidad y la relajación durante el paseo, los cambios son abismales.

Si buscáis un paseo productivo, relajado, positivo, os dejamos algunas pautas que a nosotros nos ayudaron mucho (y nos siguen ayudando) y que recomendamos a todas las personas que nos piden ayuda:

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Correcciones y Castigos

Sin correcciones y castigos convivimos mejor

Uno de los principales aspectos que defendemos en la convivencia entre perros/gatos y personas es encontrar una relación basada en la confianza, tranquila, con comunicación bilateral, sin miedo. Hemos escogido compartir nuestra vida con ellos, ellos hacen un grandísimo esfuerzo por adaptarse al espacio y entorno donde viven, a las compañías humanas o de otros animales que les imponemos a las rutinas que escogemos. Lo mínimo que podemos hacer por ellos en enseñarles todo esto, todos los límites y reglas que nos rodean de una manera amable, de una forma que entiendan sin estropear el vínculo, con métodos sensibles y adaptados a las necesidades y etapas de desarrollo de cada individuo.

Por eso creemos que las correcciones y castigos deben estar desterrados de la educación, de la convivencia. La idea de no castigar nunca al perro o animal con el que convivamos, tiene 2 argumentos principales.

Por un lado lo poco práctico que es. Si, es cierto, pararemos el comportamiento molesto/incorrecto, la acción indeseada no ocurrirá, en ese momento. Pero la intención perdurará y se llevará a cabo en otro momento, tal vez con peores consecuencias, con mayor intensidad. Si encima castigamos una vez ocurrido lo indeseado, dejará hasta de tener ese pequeño componente “práctico”.

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